viernes, 4 de julio de 2008

Nuestros primeros anglicismos

Jorge Eduardo Arellano

Los lingüistas y lexicógrafos modernos más conocidos de nuestra lengua -Antonio Quilis, en España; J.M. Lope Blanch, en México y Humberto López Morales, en Puerto Rico- manejan un concepto amplio de anglicismo. A saber: no sólo palabras procedentes del inglés, al margen de que sean generales en español y hayan sido aceptadas por la Academia, sino también aquéllas de otras lenguas, pero que han entrado al español a través del inglés y su influencia. Por ejemplo, cuando fue establecido en Nicaragua el Instituto Nacional de Seguridad Social hacia 1958, se introdujo la expresión latina currículum vitae, o simplemente currículum, como relación de títulos, honores, cargos, trabajos, datos biográficos, etc., que califican a una persona. Esta introducción se inscribía en el contexto del proceso modernizador de la administración pública, iniciado con el estudio previo de una misión del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento con sede en Washington D.C.

Pues bien, al enterarse un médico refundido en la mina de Siuna -hoy Región Autónoma del Atlántico Norte- que el recién nombrado director del Seguro Social era su ex compañero de colegio y de estudios universitarios, se trasladó de inmediato en avión a Managua para solicitarle trabajo.

-Cómo no, hermano -le aseguró- sólo dame tu currículum y ya te nombro.

-No me fregués. Yo no soy ningún degenerado para darte mi fundillo -le replicó el profesional minero que desconocía el tecnicismo.

Para mí, la actual incidencia anglómana de Nicaragua no es tan alarmante. Obedeciendo a un momento político, económico y social, el pueblo nicaragüense sabrá adoptar, con su creatividad de siempre, aquellos anglicismos tendientes a cumplir los elementos que señala el doctor Julio Ycaza Tigerino. Es decir: 1) Que no exista en español una voz con significación o acepción igual o semejante; 2) que la voz extranjera no sea de uso limitado restringido, sino general; 3) y que no se encuentre una voz nueva formada por otras voces españolas. Es el caso de blof o ser un blof: expresión coloquial que significa ser falso o poco serio, aunque parezca lo contrario; tomada de mi Muestra selectiva del Nuevo Diccionario de Americanismos: colección de casi mil nicaragüensismos que, a mediados de 1990, facturé en Augsburgo, Alemania, bajo la dirección del doctor Günther Haensh.

En dicha muestra figuran blúmer (bloomer): "calzón o prenda interior femenina" (la braga en el español peninsular), bluyín (bluejean): "pantalón de vestir informalmente, de tela resistente y color azul, lavable según usos ordinarios" (en España se dice, simplemente, vaquero); bómper (bomper): "defensa formada por barras y chapas metálicas que llevan los automóviles en sus partes delantera y trasera para protegerse de los choques (E: parachoques); breque (E: freno): "dispositivo mecánico que sirve para detener la marcha de los automóviles, trenes, bicicletas, etc."; rai (reid) o viajar al rai: "conseguir que el conductor de un vehículo lo traslade de forma gratuita a un lugar" (E: hacer autostop, viajar a dedo).

Mas señalemos nuestros primeros anglicismos, cronológicamente hablando. En 1874, cuando Berendt compiló su diccionario de nicaragüensismos, el habla nicaragüense ya estaba conformada, ofreciendo la riqueza del sustrato náhuatl y, entre más de dos mil palabras, sólo tres préstamos del inglés: truchiman: "persona versada en el negocio de que trata, conocedor del asunto"; triquis: "juego de tablas o dados, el trick-track o bachgammon de los ingleses"; y pana: "bacín de hojalata" (derivada de la palabra inglesa pan). Pero que Carlos Mántica, en su discurso de ingreso a la Academia Nicaragüense de la Lengua (1971), había identificado. Para entonces el español de Nicaragua poseía menos préstamos del inglés que otras lenguas del país, como la mískita, segunda "en espacio territorial y en número de habitantes", según Alemán Ocampo. Esta lengua actualmente ofrece, entre otros muchos, los siguientes nuevos préstamos que transcribo del vocabulario de Ethel Martínez Webster, incluido en su Introducción al estudio de la lengua miskita (1996): glas (vidrio), sugar (azúcar), man (tú y yo), pri (libre; Tasba pri: Tierra libre se llamó una localidad fundada en los años ochenta), rais (arroz), ten (diez), trabil (problema), truc (camión) y wark (trabajo).

El español "nica" del Pacífico, desde principios del siglo XX, había asimilado cotton (algodón), transformándolo en cotona, prenda de vestir que por mucho tiempo usaron nuestros campesinos. Incluso se halla presente en el corrido folclórico La sapita, versión recogida en el barrio de Cuiscoma, Granada, por Ernesto Mejía Sánchez (1946:115): "La sapa estaba cosiendo /para el sapo una cotona, /la sapa que se descuida /y el sapo que se la pone, /¡la cotona!"

Posteriormente, se dieron dos irrupciones anglicistas, cada una impuesta por las ocupaciones norteamericanas de 1912-1925 y 1927-32. Así, diez años antes de ser académico, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya (1891-1952) consignaba la primera de ellas: "Todo el mundo escribe y dice con más gusto sport, tiquete, spleen, interview, kerosine y otras expresiones puramente inglesas". Y era muy popular el sustantivo changuín (ventaja, procedente de chance to win, oportunidad para ganar) a la que recurrían los muchachos en sus espontáneas carreras callejeras (posteriormente, se dijo changuís).

Por su lado, el pueblo granadino hacía una sana chacota de la segunda irrupción en las siguientes cuartetas: "Cuando los gringos pardiez /El canal hagan aquí /En vez de decir sí /Habrá que decir yes. //Y todo seguirá así /Es esto lo que yo creo /Pues para decir yo veo /Habrá que decir ay sí //Ellos nos tienden su red /Y a todos nos tragarán /Y para decirles pan /Habrá que decirles bred. //Diremos tú en vez de dos /Quichen en vez de cocina /Y haremos como gallina /Para decirles reloj. //Diremos airon por hierro /Ay drink en vez de yo tomo /Y para decirles cómo /Habrá que volverse perro /Y otra cosa pero nos toca / Que no habremos de fumar /Porque siempre habrá que andar /Con la mascada en la boca".

En la misma dirección -observó Luis Cuadra Ceas (1951: 6)- "nuestros paisanos desenglanizan nombres y frases. Coolidge (apellido de un Presidente estadounidense) es Culis." Y también Culiche, de acuerdo con el primer cuarteto del siguiente corrido que rescató Wilmor López de don Pedro Joaquín Vado Madrigal, quien se lo aprendió en 1930: "Nicaragua a principio de febrero /mandó Culiche dos mil americanos, /dos mil soldados, trescientos aeroplanos /que a Chinandega vinieron a incendiar".

Luego el doctor Carlos Cuadra Pasos planteó que los vocablos de origen inglés Crike (creek) y Suampo (swamp) usados en la Costa Caribe -dominada secularmente por la Gran Bretaña- deberían figurar en el Diccionario oficial de la Academia. Para Carlos Mántica, ambos, con espeque (spike), butaca (buttocks), pana (pan), pichel (pitcher), ponche (punch) y wachiman (wachman) que se pronuncia uachimán, y dos más (ya enumerados en esta glosa: chance y clinche corresponden a los anglicismos de Nicaragua más antiguos). Años después, críke y suampo fueron incorporados al DRAE.

No se recomendaron para dicha incorporación el vocablo hinterland -hoy suena sofisticado- que utilizó Pablo Antonio Cuadra en el glosario de sus Poemas nicaragüenses (1934: 124) al describir la región política-administrativa de Chontales: "Departamento prodigioso de Nicaragua, verdadero hinterland de pastales y hierbazales y de inmensos ríos, poblado de innúmeros ganados..." Tampoco fue el caso de otro vocablo: torti que Julio Ycaza Tigerino, mucho antes de ser abogado y académico, escuchó a un creole en Corn Island durante su confinamiento político en 1940.

-Torti, torti -ofrecía en venta el nativo de color, creyendo el confinado, en un principio, que se trataba de tortilla.

En realidad, el hablante del inglés criollo quería decir therty, o sea: vender un pescado en treinta centavos de córdoba, moneda que entonces estaba casi en paridad con el dólar. Pero esa lengua, como lo ha señalado el mismo Ycaza Tigerino, posee un marcado carácter dialectal. Con todo, ha dejado al español de la Costa Atlántica el vocablo sontin (some thing: alguna cosa): un brebaje que se da al hombre para quedar seducido de una mujer.

1 comentario:

Carlos Perna dijo...

Interesante artículo. Me atrevería a agregar dos muy comunes en el uso cotidiano: queque de cake y fulear de to full