miércoles, 23 de julio de 2008

La guitarreada donde don Carlos

Por Holbein Sandino R.
A Carlos Mántica hijo por honrarme con su amistad.

Una Noche de martes había poetas, tambien un acordión, dos guitarras y amigas y amigos que cantaban. De telón, las luces de una Managua cansada parecían aplaudir el jolgorio.
El acordión tenía dueño: era del poeta cantor, quien enérgico, incólume e incansable reía y disfrutaba con honestidad. No quiso prestar su instrumento, " se desafina", justificó al joven sonero que lo pretendía. Las guitarras si anduvieron de mano en mano. Un vate canto un tango, otro una cueca, el maestro requintista y su acompañante trovaron el bolero "Sinceridad", un juglar gringo entonó en nicañol Nicaragua Nicaragüita y la altiva y mayestática dama del Ocotal de Segovia alborotó las quiebra platas de las sierras con su canto inexorable.
El aroma de nacatamales, chicharrones, yoltamales, frijoles fritos, chorizos y cuajadas chontaleñas era como un efluvio mágico que habría de hacer perdurable el recuerdo de esa noche tan pletórica de nicaraguanidad.
Y en su poltrona el ínclito anfitrión con su rostro de chigüin feliz, no tenía ni idea del importante hito que fue esa noche de martes para un advenedizo como yo.

Holbein Sandino Ruiz.
sandinohr@yahoo.com