viernes, 4 de julio de 2008

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Por Carlos Mántica
2004

Del jardín se levantó un enorme enjambre de ángeles, como hojarasca llevada por el viento. Vuelan en todas direcciones entre risas y gritos de júbilo como niños entrando a recreo. Unos entran y salen de la tumba vacía. Una y otra vez se asoman como para cerciorarse de que no están soñando. No les dieron permiso de asistir a la crucifixión y todavía les parece mentira ver al chavalito aquel que encontraron en el pesebre y que anunciaron a los pastores, coronado ahora de gloria y majestad, y convertido en Señor de cuanto existe.


No saben si reír o llorar de gozo. Los Querubines revientan flores y se las tiran unos a otros entre risas. Persiguen golondrinas para anunciarles la Buena Nueva. Se asoman a las ventanas y a los sueños de los niños para contarles lo sucedido. El clamor ensordecedor de las trompetas sube hasta el cielo, penetra por sus puertas rotas y abiertas ahora para siempre, ( porque la cruz es una puerta rota ) y desciende acompañado de cantos, que proclaman:


Dios vive ahora entre los hombres. Vivirá con ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. ( Apoc. 21)


En la locura de su entusiasmo unos serafines se atrevieron a tocarlo, aunque todavía no ha subido al Padre, e irrespetuosamente se lo llevaron en hombros a casa de María quien, después de tres días de insomnio se ha quedado dormidita. (Los ángeles se hacen señas poniendo el índice sobre los labios para que nadie ose despertar a la Reina.) Mil veces durmió al niño en sus brazos cobijándolo con su sonrisa, hoy despertará de su dolor dormido acunada en el más dulce abrazo de su Padre, de su Hijo y de su Esposo.


Serán ellos quienes le lleven la noticia. Nadie debe adelantárseles. Ni Gabriel, el Mensajero de la Anunciación: Él será grande, se le llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» (Anda que lo pellizcan y no lo siente.)


Ya Magdalena, María la Madre de Santiago y Salomé fueron a anunciar a los Apóstoles que el sepulcro está vacío. "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto." Pedro y Juan no tardarán en llegar junto con la de Magdala que anda destrozada . El Señor buscará a los once esta tarde donde continúan reunidos, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos.


Después, los ejércitos del cielo escoltarán al Ray al Hades para liberar a los cautivos. Dirá el Señor a Adán:


" Despierta, tú que duermes, pues Yo no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues Yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque yo en ti y tú en mí, formamos una sola e indivisible persona. Por ti Yo tu Dios me he hecho tu hijo. Por ti Yo tu Señor, he revestido tu condición servil. Por ti Yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo....


Sólo Miguel está callado y pensativo. Los demonios se muerden de rabia y atacan a indefensos animales. Sus alaridos sacuden el desierto. Rondan como león rugiente buscando a quien devorar. Saben que han sido derrotados para siempre, pero quizás pueden todavía recuperar a los que no se cubren con Su sangre derramada. Recordó entonces las palabras de El Señor:


Acuérdense de lo que les dije: el siervo no es más que su Maestro. Si a mí me han perseguido, también los perseguirán a ustedes.


La batalla ya está ganada pero la lucha continuará todavía por un tiempo.... Menos mal que habrá también un ejército de hombres acompañándolos.


Esta es su Misión:

Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id pues y haced discípulos de todas las naciones bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado.

Esta la Promesa:

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. ( Mateo 28:19-20)

Y este su destino:

(Padre, )Yo les he dado la misma gloria que tú me diste, para que sean una sola cosa como Tú y Yo somos una sola cosa: yo en ellos y tú en mí, para que lleguemos a ser perfectamente uno y así el mundo pueda darse cuenta de que tú me enviaste, y que los amas tanto como me amas a mí. Padre, ya que me los has dado, quiero que estén conmigo donde yo estoy, y que contemplen la gloria que tú ya me das. ( Juan 17:22-24).


¡Amén!