martes, 8 de julio de 2008

Los 70 años de Carlos Mántica A.

* Y los treinta de “El Habla Nicaragüense” * Aproximación al escritor y aportes de su obra a las Ciencias Sociales
Por María Celina Tapia


Dedicado a la memoria de:

Don Juan Eligio de la Rocha y

Don Natividad de los Campos



Carlos Mántica Abaunza, nacido en León, el 19 de febrero de 1935, es filólogo, nahuatlista, historiador, folclorista, antropólogo, etnólogo, poeta, bohemio, cantante, guitarrista, políglota, deportista --también practica de vez en cuando el “jaibol”--, es cocinero, dibujante, hacedor de vinos y de historias, asesor político sin salario, teólogo, líder religioso, charlista mundial de cursillos de cristiandad, académico, coleccionista, empresario, exitoso padre, abuelo y bisabuelo.

No se puede hablar del hombre-escritor sin remitirnos a sus primeros años, a sus primeros recuerdos, al entorno familiar y sociocultural que marcó indeleblemente su existencia. Sobre ese período Mántica narra algunos acontecimientos: “Me veo con mi gemelo Felipe, arrastrando nuestro propio pupitre, camino hacia la casa-escuela de Las Salvatierra, frente al costado sur del Gran Hotel, donde aprendimos las primeras letras, deletreando O ese o, so: Oso, en el Silabario Catón, bajo la tutela de Doña Chilita”. Su afición por la guitarra data de esta misma época infantil, a tal grado que realizó cursos de este instrumento musical en Costa Rica, cuando sus padres se vieron en la necesidad de exiliarse en ese país en 1944.

Regresó a su patria en 1956, egresado de la Universidad de Georgetown (Washington D. C.).

La faceta de escritor de Carlos Mántica, y del libro que nos ocupa en particular, “El Habla Nicaragüense” -–su obra completa actualmente se conforma por aproximadamente una docena de ellos-- es conocida por una enorme cantidad de intelectuales, profesores de universidades y estudiantes y por todas aquellas personas nacionales y extranjeras interesadas en los temas de nuestra cultura nacional.

En este ensayo haré referencia a su séptima edición (última hasta la fecha), publicada en el año 2003, sin embargo considero necesario mencionar, aunque brevísimamente, la primera y la cuarta edición; la primera por obvias razones y la cuarta, porque, en su momento fue objeto de homenaje por parte de la Academia Nicaragüense de la Lengua, además de evidenciar su evolución a través del tiempo.

La primera edición de El Habla Nicaragüense, que salió a luz en 1973, consta según el autor: “...de cinco partes: Una Introducción, un Estudio y tres apéndices. La Introducción se titula: Orígenes y Desarrollo del Habla Nicaragüense. El estudio se titula: Morfología del Habla Nicaragüense y, como su nombre lo indica, pretende ser un análisis de la forma y características de nuestros vocablos considerados independientemente. [...]. Los tres apéndices finales constituyen, a mi parecer, la parte más importante de este trabajo. Ellos son:

1) Un Diccionario de Nahualismos nicaragüenses [...]

2) Un Diccionario de Toponimias Náhuatl de Nicaragua [...]

3) Un Diccionario Comparativo de las Lenguas Prehispánicas de Nicaragua [...]”, dicha edición fue objeto de estudio y elogios de destacados intelectuales, entre ellos Franco Cerutti, un italiano radicado en Costa Rica y fallecido hace unos pocos años y cuyas palabras aparecen en la contraportada de sus ediciones, y además el prólogo, cuya autoría se le debe a nuestro poeta nacional Pablo Antonio Cuadra.

La cuarta edición de 1998, la integran: La presentación por Jorge Eduardo Arellano, el prólogo que fue escrito para la primera edición por Pablo Antonio Cuadra, una recapitulación de la obra escrita por su autor y presentada en la Academia Nicaragüense de la Lengua a propósito de esta publicación, la introducción Orígenes y desarrollo del Habla nicaragüense, el estudio sobre la Morfología del Habla Nicaragüense y 13 ensayos más que son: Más sobre el náhuatl oculto, El habla, Lazarillo de la historia, Descachimbamiento lexicográfico, Introducción a Lengua Madre, Introducción al Refranero Nicaragüense, Caló Gitano en el Habla Nicaragüense, Dos muestras de nuestra manera de hablar, El hilo azul y los doble-sentidos de El Güegüence. Un ensayo etimológico sobre el Güegüence, Religión y Moral prehispánicas en Nicaragua, Los sacrificios humanos y la antropofagia, Recuerdos de la vieja Managua y Cuando se nos sale la cotona.

En esta séptima edición, a 30 años de distancia de la primera, y a cinco de la cuarta, El Habla Nicaragüense ha sufrido muchos cambios y evolución, (al modo de decir en filosofía: en una “espiral de superación dialéctica”). Se le ha sumado una gran cantidad de nuevos estudios que lo han enriquecido de tal forma que a la fecha, se ha constituido en una breve enciclopedia de la cultura nacional. Cada nuevo estudio, en una cátedra cultural abierta al pueblo. A esta edición se le han adicionado los siguientes ensayos: ¡Así se habla J...!, Evolución de la lengua Náhuatl en Nicaragua, Dos personajes inolvidables, Pura Jodarria, Refranero General, Carta en refranes, La comida nicaragüense, Introducción a Cantares Nicaragüenses, Matagalpa y sus gentes, Con la música por dentro, Pablo Antonio, Sor María y el diablo, Los profesionales aficionados, Tiempo, contexto y trascendencia del Güegüence, ¿Quién fue el genial autor?, Los Sutiavas, Diccionario de Nahuatlismos nicaragüenses, Toponimia Náhuatl de Nicaragua y Recensión a El Habla del nicaragüense. Se han obviado por haber sido incluidos dentro de estudios más amplios: El hilo azul y los doble-sentidos del Güegüence y Un ensayo etimológico sobre El Güegüence.

Aportes a la Historia

Los aportes que Mántica presenta a partir del estudio de la lingüística histórica, los percibimos a través de la exposición de datos que sobre los cambios lingüísticos internos nos ofrece y, a partir de los cuales, descubre las relaciones entre los hechos históricos que se suceden. Plantea, partiendo de interrogantes acerca de lenguas de diferente índole y origen, la naturaleza de esa relación, de cómo se logra el sincretismo producto del contacto histórico entre las culturas y los préstamos resultantes. En su calidad de lingüista histórico y comparativo, estudia las diferentes etapas de una lengua a fin de identificar los posibles cambios que tienen lugar y determinar la relación entre las lenguas relacionadas. La lingüística comparativa se constituye, además, en una metodología de relevancia trascendental para trazar los procesos culturales e históricos. A través de la reconstrucción de una protolengua se puede obviamente descubrir la cultura e historia del pueblo que habla dicha lengua.

En su “Evolución de la lengua Náhuatl en Nicaragua (Desde la Conquista hasta el Güegüence)” nos expone minuciosa y detalladamente la inserción paulatina del castellano en el habla Náhuatl a través de las relaciones sociales que se dan entre los distintos estratos que conformaron históricamente nuestro pasado reciente, clasificándolo por etapas.

Aportes a la Antropología como Ciencia General de la Cultura

La antropología cultural estudia la conducta humana que es aprendida, en tanto la cultura es la manera principal en que los seres humanos se adaptan a sus ambientes. En general, su objeto de estudio es la historia de la cultura de la humanidad, esto incluye costumbres y creencias, entre otros. En su estudio “! Así se habla J...!”, Mántica, esbozando una recapitulación de su obra, elabora todo un estudio antropológico, mediante el método etnográfico, que en lo fundamental presenta dos fases: el trabajo de campo y la descripción de los resultados. El trabajo de campo implica la observación y la participación en la vida cotidiana de las personas, de esta manera es como el autor ha visualizado la cultura del nicaragüense, la cultura de su propio pueblo, como un sistema de patrones interrelacionados. Este método es utilizado de manera particular en sus estudios antropológicos y sociológicos, y a partir del mismo, el autor elabora una lista de costumbres que caracterizan culturalmente al nicaragüense y lo diferencian de personas de otras nacionalidades. Las costumbres están ahí, todos lo vivimos, pero nadie “se fija”, es el ojo del investigador el que hace que nos apropiemos de ellas y nos veamos reflejados en nosotros mismos. Tomemos como ejemplo: cargar en nuestro equipaje comida nacional aún cuando al lugar hacia donde nos dirigimos pueda haber de lo mismo o, en otro caso, despedirse de un familiar, generalmente cuando el viaje se realiza por vía aérea, la despedida carece de sentido sin las lágrimas bañando el rostro, aunque el viaje sea por un fin de semana, etc., otro aspecto importante de nuestra cultura retomado por el autor es la forma de medidas utilizada por las vendedoras en el mercado: por contada, por manos y muchísimos elementos más.

Aportes a la Antropología de la Religión

En relación a este aspecto, el autor, partiendo del análisis de las toponimias percibidas como una tendencia, elabora una serie de observaciones previas y posteriores. Metodológicamente se trata de un estudio longitudinal retrospectivo desde una perspectiva sincrónica, en tanto sus anotaciones se refieren a un período largo, pero concreto de nuestra historia –-época prehispánica--. Los aportes más significativos al respecto, se encuentran insertados en El Habla, Lazarillo de la Historia, donde él mismo en 1970 afirmaba lo siguiente: “...en las toponimias de nuestro territorio descubrimos el nombre de los númenes y dioses que adoraron sus pobladores y conociendo de esta manera su mitología y teogonía, podemos identificar raza, cultura, antigüedad y lengua...”

A través de las toponimias, descubre cuáles fueron nuestros dioses prehispánicos y la pertenencia de los mismos a épocas y culturas diferentes.

Aportes a la Etnolingüística

Los antropólogos lingüísticos estudian el lenguaje en su contexto social y cultural a través del tiempo. Se reconstruyen lenguas antiguas mediante la comparación de sus descendientes contemporáneas y, al hacerlo, descubren nuevas facetas en su historia. Se estudian además las diferencias lingüísticas para describir percepciones y patrones de pensamientos diversos en una multitud de culturas. La variación lingüística va también asociada a las divisiones sociales. Esta temática es abordada por Mántica en su estudio Evolución de la Lengua Náhuatl en Nicaragua (Desde la conquista hasta el Güegüence). En la Etapa I hace especial énfasis en la permanencia casi absoluta de la lengua náhuatl sin sufrir cambio alguno, a pesar de las diferencias lingüísticas imperantes en los estratos sociales en referencia como producto de la falta de integración entre los mismos en los años transcurridos de 1522 a 1560, ya que la confrontación impidió un trato personal fluido entre “conquistados” y conquistadores.

La Etapa II, correspondiente a los primeros años de la Colonia, desde 1560 hasta aproximadamente mediados del S XVII --casi cien años--; el contacto directo entre ambas culturas se fortalece. Al náhuatl se le empiezan a agregar muchas palabras del castellano, casi exclusivamente nombres sustantivos: caballos, mulas, hacha, cuchillo, bisagras, camisa, gobernador, alcalde, la nueva moneda: el Real de Plata de mediados del S XVI.

En la Etapa III, aproximadamente de 1650 al año 1700, Mántica ha aportado a esta ciencia los siguientes elementos:

Utilización de verbos, pronombres, preposiciones y conjunciones, que en el náhuatl no existen como palabras aisladas, sino incorporadas al sustantivo, al adjetivo o al verbo. Algunos cambios al pluralizar, sin perder la sintaxis náhuatl que aún hoy se conserva. Inclusión de algunos sonidos españoles inexistentes en el habla náhuatl: b,d,f,g,j,r,y,v. Surgimiento de los primeros hibridismos en los que un sustantivo castellano es modificado por un adjetivo náhuatl: carreta nagua, mano pachona, etc. Unos 40 verbos tomados en préstamo, pocos en relación con 720 sustantivos castellanos. Inicio de la castellanización de palabras náhuatl (que continúa hasta la fecha), agregando la terminación verbal española “ar” o los prefijos “a”, “en” y “des”. Ejemplos: cipear, coyotear, chilear, melenquear, mecatear. Atilintar, enzacatar, apocoparse, encolocharse, etc.

Aportes a la Etnohistoria

La etnohistoria es una ciencia que abarca los relatos orales y escritos del pasado de una cultura. Para ello se dispone de relatos de siglos realizados por comerciantes, viajeros, exploradores, misioneros, etc. Mántica, especialista en esta ciencia, ha contribuido a la misma, de manera especial con su estudio El Habla, Lazarillo de la Historia, mismo en el que elabora su tesis acerca de las migraciones indígenas anteriores a la llegada de los españoles y al origen de los niquiranos o nicaraguas.

De forma resumida señalo los principales aportes del autor a la Etnohistoria, quien comenzando de sur a norte expone lo siguiente:

En la provincia de Nicoya los nombres geográficos son mayoritariamente chorotegas. En Granada, Rivas y parte de Carazo, son nombres náhuatl: Ometepe, Nicaragua, Ochomogo, Moyogalpa, Jinotepe, etc. En Masaya y el resto de Carazo (Antigua Manqueza), son todos chorotegas: Nandaime, Niquinohomo, Diriá, Diriamba, Monimbó, Diriomo, etc. En Managua, tenemos nuevamente toponimias náhuatl: Xolotlán, Xiloá, Asososca, Acahualinca, Ticuantepe, Ticomo, Tipitapa, Apoyeque, etc. En León Viejo, otra vez son chorotegas: Nagarote, Imabite, etc. En León Nuevo, son sutiavas: Maribios, etc. En la Zona del Golfo, reaparecen los nombres náhuatl pero con el sufijo gentilicio Tecate (ega) inexistente en el resto del país: Pozoltega, Chinandega, Tezoatega (El Viejo), Chichigalpa, etc.

Aportes sociológicos

Las sociedades están compuestas por actores individuales y para entender a la sociedad se debe comprender cómo estos actores sociales toman decisiones, organizan sus vidas e influyen y son influidos por otros en lo que se llama interaccionismo simbólico, mismo que supone que el comportamiento humano está determinado por los significados que las personas atribuyen a dicha situación.

En su ensayo sobre los Recuerdos de la vieja Managua, visualiza esta época desde la perspectiva interaccionista, en tanto centra su atención en las comunicaciones cotidianas reales y en el comportamiento de las personas y grupos. Aporta, además en este caso particular, a la Sociología Urbana en tanto nos narra una época en particular de una ciudad: la Managua de los años 40 hasta antes del terremoto del 72.

El autor describe con la nitidez y pulcritud que caracterizan todos sus estudios, la vida social y cultural capitalina, la conformación social de los barrios y la importancia insustituible de los mismos en la capitalización de relaciones sociales estables, los medios de transporte, la ubicación de las instituciones más importantes, los espacios verdes y de recreación, el Lago de Managua y el Malecón, los parques como elementos aglutinadores de grupos sociales concretos creadores de afectos, las representaciones culturales y artísticas, las iglesias, el comportamiento social de los jóvenes: sus gustos, aficiones y valores. Además, logra hábilmente que nos apropiemos subjetivamente de la distribución espacial de su entorno geográfico y de aproximadamente 30 años de evolución histórica de la ciudad y de las cuales las nuevas generaciones no tienen siguiera la más remota idea.

Aportes Filosóficos

La filosofía se formula con las palabras más vivas de la lengua. En tanto la misma es de por sí, la primera interpretación intelectual de la realidad, su sintaxis corresponde a un estilo mental, a una manera de vivir. Significa, además, la acumulación de experiencias seculares, que en nuestro caso resume la historia de nuestro pueblo. Esta acumulación de experiencias es, precisamente, la filosofía, en tanto la misma consiste en formular expresiones de uso generalizado entre las personas que reflejan una sabiduría popular transmitida oralmente y que influyen en la vida de las mismas. Son además, necesarias para la orientación, para saber qué pensar y consecuentemente qué hacer o qué actitud tomar en la cotidianidad.

En su Introducción al Refranero Nicaragüense, Mántica ha señalado que los refranes brotan de algo sencillo y tan cotidiano como es la observación de la realidad que nos rodea. El refrán extrae de ella una verdad que puede ser aplicada a circunstancias distintas que se conserva a manera de enseñanza, guarda además, una sabiduría popular nacida de la experiencia transmitida oralmente.

Aportes a la Ética

La Ética, como ciencia social, se deslinda de la filosofía. La misma contribuye a fundamentar o justificar cierta forma de comportamiento en una sociedad determinada, a la vez que revela la relación entre el comportamiento moral y las necesidades e intereses sociales.

Mántica ha recogido en su Refranero algunos que muy claramente dictan normas de comportamiento moral o que inculcan valores propios de la sociedad de la cual surgen, veamos los siguientes ejemplos: El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija, El que busca encuentra, El que canta su mal espanta, vale más solo que mal acompañado, El que come montado no pierde ganado, el que no se arriesga no pasa el mar, etc. Existen otros refranes que nos indican lo que no se debe hacer: El que da pan a perro ajeno, pierde el pan y pierde el perro, Si eso le hace el agua a los caminos, que no le hará a los intestinos, entre otros muchos...

(Editado por Zayda García)