domingo, 23 de noviembre de 2008

El GÜEGÜENCE, PICARDÍA E INGENIO

PRESENTACIÓN DE
El GÜEGÜENCE, PICARDÍA E INGENIO


Carlos Mántica
Noviembre, 2008
Dedicatoria: Al extraordinario autor anónimo que nos
legó esta obra maestra de la picaresca indo hispánica

En ocasión del Coloquio sobre El Güegüence, celebrado el 10 de mayo del presente año (2008) en los locales de la Universidad Americana (UAM) aplaudí la estupenda labor realizada en los últimos años en favor la preservación y divulgación de su música, sus danzas y su vestuario, lamentando, sin embargo, la falta de logros similares de cara a la representación completa de esta obra extraordinaria.
Trasmitido de generación en generación en un dialecto que, según el Dr. Karl Herman Berendt, en 1874 ya nadie entendía, sus fieles guardianes continuaron recitando tenazmente sus 314 parlamentos, a gritos y sin inflexiones en la pronunciación porque, olvidado el lenguaje, habían olvidado también el significado de sus propias palabras y la trama misma de la obra que, por no entenderse, poco a poco se dejó de representar como comedia en nuestras calles.
Fue la obra completa, sin embargo, la que mereció su distinción como Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad y me propuse entonces escribir una traducción de la comedia que la hiciera inteligible para todos y pudiera una vez más representarse en todo su esplendor. La ofrecí gratuitamente al Instituto Nicaragüense de Cultura, renunciando a toda forma de remuneración con el fin de que pudiera llegar al mayor número posible de personas y que, con el apoyo de la UNESCO, llega ahora a ustedes.
En ella se ofrece una paráfrasis que facilita su comprensión, pero sin adulterar el sentido de sus parlamentos; con adaptaciones al habla nicaragüense que por su picardía e ingenio los hará reír a carcajadas, y agregando un Vocabulario y unas Glosas que permitirán al estudioso constatar la fidelidad de esta nueva traducción.
Al presentarla hoy a Uds. deseo, sin embargo, hacer un par de aclaraciones:
La primera es que me he limitado a TRADUCIR al lenguaje moderno los parlamentos publicados por Daniel Brinton en 1883, los que tomé como base después de cotejar minuciosamente los diferentes “originales” descubiertos a esta fecha, y comprobar que sus escasas diferencias, mayormente ortográficas, no alteran el contenido esencial de la obra.
Otros autores han ido más allá de la TRADUCCIÓN y han escrito INTERPRETACIONES del Güegüence optando por una reescritura de la obra con el fin de enfatizar su condición de teatro de protesta, o de adaptar la trama a las realidades de nuestra época. Pienso ahora en las versiones representables en escena del Dr. Alejandro Dávila Bolaños, del Dr. Fernando Silva y de Alberto Icaza, entre otros. Tales interpretaciones también son necesarias.
Lo mismo puedo decir de los estupendos estudios filosóficos, sociológicos e históricos de Jorge Eduardo Arellano, de Pablo Antonio Cuadra, de José Daniel Prego, y de tantos otros de diversas disciplinas que no se limitaron a traducir sus parlamentos. Pero mi propósito ha sido mucho más modesto.
La segunda aclaración, y casi una advertencia, es que el presente trabajo contiene evidencias que modifican en no poca medida algunas de las creencias que por largo tiempo se han divulgado con respecto a nuestro Güegüence y que sorprenderán, e incluso pueden molestar, al lector.
El estudio más profundo de la jerga en que está escrito y la existencia de ciertas realidades históricas debidamente documentadas, pero que no se investigaron suficientemente en su momento, han ido sacando a luz nuevos elementos que modifican algunas creencias acerca de El Güegüence, y que ponen fin a errores ampliamente divulgados.
Pero quizás más importante que estos aportes históricos, es el análisis de lo que en la obra misma está escrito en castellano y que cualquiera puede entender sin necesidad de recurrir a un diccionario náhuatl. Importante porque lo que se ofrece no es ya la opinión, calificada o no, de Carlos Mántica o una interpretación más de la obra, si no lo que la obra misma y sus personajes nos dicen acerca de sí mismos y que, en ocasiones, preferiríamos dijesen lo contrario. Llamé a su Introducción Un Autorretrato del Güegüence porque son sus personajes los que hablan.
Es la conjunción de estos tres elementos: lengua, historia y análisis lo que le imparte novedad y credibilidad a mi trabajo.

A manera de ilustración y constreñido por las limitaciones de tiempo, extraigo de esa introducción lo que la obra misma nos dice acerca del Señor Gobernador Tastuanes y que modifica profundamente algunas de las afirmaciones hechas en el pasado:
Desde siempre se ha tenido como cierto que nuestro Güegüence denuncia y combate con valentía los desmanes de un Gobernador de Nicaragua, encarnación y símbolo de la dominación española. He intentado descubrir quién introdujo la tesis de un Gobernador español y no pude encontrarlo. Daniel Brinton en su obra publicada en1883 se abstiene de discutir su identidad y se limita a decir que el Gobernador Tastuanes entra en escena vestido a la usanza española, con cetro y espada, pero comentando inmediatamente después que su nombre es una corrupción del náhuatl “tlatoani” que significa jefe o Señor y que se trata de un personaje diseñado para atraer las burlas del Güegüence. (The Güegüence, a Comedy-Ballet in the Nahuatl-Spanish Dialect of Nicaragua. Pag. Xivii)
Quienquiera haya sido el primero, lo cierto es que cuantos alguna vez escribimos sobre el tema compartimos la creencia de un Gobernador español y aplaudimos la gesta de nuestro David indígena contra el Goliat invasor. A fin de cuentas, ignorábamos la existencia de gobernadores indios en Nicaragua... o no supimos discernir los rostros ocultos detrás de las máscaras.
Al estudiar mejor la jerga en que está escrita y el entorno histórico en que se desarrolla la comedia nos fuimos dando cuenta de que existen en ella muchos elementos que nos obligaban a preguntarnos si su protesta estuvo dirigida realmente en contra de la persona de algún Gobernador español, o denunciaba la corrupción y los abusos de algunos Gobernadores indios, cómplices e imitadores del gobierno imperial.
Esta posibilidad, tan radicalmente distinta de lo que alguna vez pensamos, exigía una explicación convincente y bien documentada. Y es aquí donde la conjunción de la lengua, de la historia y del análisis convergen para dilucidar el dilema.
La Historia nos dice que desde los primeros años de la Colonia, y las más de las veces por no contar con personas suficientes o idóneas para gobernar los pueblos de indios más importantes, los españoles optaron sistemáticamente por mantener en sus puestos a los tlatoani de mayor jerarquía.
Que fue a través de estos tlatoani, a quienes llamaron "caciques", que los españoles manejaron las encomiendas, la recaudación del tributo, el reclutamiento de mano de obra forzada (el Obraje), y más tarde la captación de esclavos para su exportación como carne de cañón en la conquista del Perú. Los más serviles se ganaron muy pronto el repudio de sus congéneres.
Por algunos de nuestros mejores historiadores, como el Dr. Germán Romero Vargas y el Dr. Alejandro Montiel Argüello sabemos hoy que estos gobernadores indios sí existieron en Nicaragua: En Nindirí (1694); en Subtiava (1697, 1700 y 1712) ; en Telpaneca y los otros pueblos de la jurisdicción de Nueva Segovia (1713); en El Viejo (1714) y en Matagalpa (1729), entre otros. Sus nombres los encontraremos en el libro Estructuras Sociales de Nicaragua en el Siglo XVIII¨ del Dr. Germán Romero Vargas, pp. 76 y ss. Todos ellos eran indios. Y muchos merecieron el repudio de sus congéneres.
De sus muchas tropelías sabemos, por ejemplo, que los indios de Palacagüina, Condega y Totogalpa se quejaron de que el Gobernador español, Gabriel Rodríguez Bravo de Hoyos (1688-1693), puso un Gobernador indio en el Pueblo Nuevo de la Santísima Trinidad, para facilitar la colecta del tributo y que este Gobernador indio los vejaba tanto que por todo ello habían caminado ciento cincuenta leguas para pedir amparo. (Nicaragua Colonial. Dr. Alejandro Montiel Argüello. p. 204).
Hasta aquí sólo se habría demostrado que los Gobernadores - Tlatoanis existieron en Nicaragua, y que no siempre gozaron de la simpatía de los indios, pero eso no demuestra que nuestro Gobernador Tastuanes haya sido uno de ellos. ¿Por qué pensamos que lo fue?
Y aquí interviene el segundo elemento: La lengua.

Porque “Tastuanes” no es nombre propio de persona. “Gobernador Tastuanes” es un título que delata su doble rango: Es a la vez el tlatoani o cacique que tenía ya esa comunidad indígena, nacido en el lugar y electo por su gente casi siempre de por vida, a quien los españoles concedieron el rango de Gobernador por su fidelidad y colaboración con la Corona.
Este Gobernador indio tiene un Cabildo. Y suponía tenerlo. El historiador Tomás Ayón en su Historia de Nicaragua. Cap IV, nos dice que:
En todos los pueblos de indios que contenían un número considerable de vecinos había cabildos, compuestos de dos alcaldes, cuatro regidores y un escribano, que se elegían cada año. Para el desempeño de esos empleos eran preferidos los caciques é indios principales, según estaba dispuesto en la ordenanza general del reino, firmada por Don Alonso López Cerrato, segundo Presidente de la Real Audiencia.
Pero nuestro Tastuanes no sólo tiene un Cabildo sino que tiene metido en él a toda su familia, algo expresamente prohibido por las leyes españolas. A su papacito: motalse: mo-tlatl-tzin. A su mujer: Moseguan: Mo-cihuatl. Y a toda su familia: Eguan noche: Yhuan no-chan, “y a todos los de su casa”. (No chan: su casa equivale a: su familia ) Sin contar al Alguacil Mayor, que también era miembro del Cabildo, aunque sin derecho a voto, y a quien continuamente llama “Nopilce”, es decir no- piltzin: hijito mío.
El análisis minucioso de los textos nos dice muchas cosas más:
Este Cabildo se encuentra en bancarrota, entre otras cosas, por tolerar: - ¿a quiénes? - a los Señores Principales o Príncipes de su pueblo, es decir, a sus congéneres, y a los miembros de su propio Cabildo la falta de pago de una licencia que, legal o ilegalmente, se exigía para autorizar ciertos bailes y zarabandas, y que las autoridades eclesiásticas y las civiles se disputaban el derecho de otorgar, dando lugar a largas y acaloradas polémicas: El 25 de mayo de 1776, el Gobernador publicó un bando en que se hacía saber que las licencias para bailes no debían ser pedidas al Obispo sino a él, y en su falta, a los alcaldes ordinarios. ( Ver la Glosa: Bailes y Zarabandas. Nicaragua Colonial. Dr. Alejandro Montiel Arguello. Pag. 345)
Tal deferencia y tolerancia con la nobleza indígena no encaja con las actitudes de un Gobernador español. Fortalece también la tesis de una gobernación indígena la vergonzosa pobreza del Señor Gobernador Tastuanes y de todo su Cabildo, que contrasta con el bienestar de los Gobernadores españoles.
Pero sigamos escudriñando la obra:
Este Gobernador, que alguna vez pensamos era español, tiene una hija llamada Suche Malinche es decir Xochitl Malin-tzin, nombre calendárico también de lengua náhuatl, (Xochitl Malinalli: que corresponde al vigésimo día, del octavo mes.) a la que acepta casar con un indio de dudosa reputación, en una boda laica, presidida posiblemente por él mismo según la usanza indígena, sin la participación de ningún sacerdote, todo ello en una época furiosamente católica y clasista. Algo inconcebible de un Gobernador español.
Finalmente, la obra nos muestra a un Gobernador parrandero que al principio de la obra ordena suspender las escandalosas pachangas de los Señores Principales que sí han menester licencia, pero que ahora, con la excusa de una supuesta boda, ha organizado una pachanga mayor en la que participa su Cabildo en pleno, con la asistencia de tres “muchachonas” de dudosa reputación y para la cual El Güegüence aporta dos botijas de vino de contrabando. (Parl. 250) ¡Válgame Dios, Señor Gobernador Tastuanes!
Creo que es evidente que la sola posibilidad de un Tlatoani Gobernador imparte a la obra una visión muy distinta de la divulgada hasta la fecha y nos obliga a repensar lo escrito.
Ya no seguiría buscando la identidad del Señor Gobernador Tastuanes entre los nombres de los Gobernadores de Nicaragua. La encontraría más bien en la caricatura de uno o más gobernadores-tlatoani, instrumentos y cómplices de la dominación española, y como una personificación de ciertos vicios y zanganadas que se repiten una y otra vez a lo largo de nuestra historia.
Pero el análisis de lo que está escrito en castellano abre también otras ventanas:
Es importante observar que el autor se abstiene sistemáticamente de dar un nombre propio a sus personajes, llamándolos con el cargo que ocupan: Sr. Gobernador-Tlatoani, Sr. Capitán Alguacil Mayor, Sr. Escribano Real, Sr. Regidor de Caña, Sres. Principales, Sres. Depositarios, Sres. Miembros del Cabildo...
O con la profesión que ejercen: A Dña Suche le da un nombre que, según el Diccionario del Español de Nicaragua del Dr. Francisco Arellano Oviedo (Pag.339) significa una alcahueta profesional, y el de la Real Academia Española ( Vol II, pag. 1267) una empleada de última categoría. A las otras dos Damas las deja en el total anonimato.
A Don Ambrosio, el siempre hambriento, le da un nombre acorde a su descomunal apetito. Sólo don Forcico parece ser la excepción.
Finalmente, sabemos que el nombre Güegüence, traducido por muchos como Huehuetzin: o “Venerable Anciano”, tampoco es nombre de persona y que admite una acepción más representativa del personaje: Cuecuetzin: “El Gran Sinvergüenza”. De Cuecuech: Desvergonzado. (Según Fray Alonso de Molina pag. 323.) O de Cuecuetz: Libertino, desvergonzado, (Según Remi Simeon Pag. 132)
Esta omisión voluntaria que deja a sus personajes en el anonimato, sugiere que el Autor, también anónimo, no pretendió señalar con el dedo a personas concretas, inmediatamente identificables, ni evadir responsabilidades inventándoles alegremente un nombre cualquiera para evitar represalias, sino que, inspirado en personas y hechos reales, denuncia en forma, genérica pero directa y clara, los vicios y desmanes de un gobierno. Vicios que en diferentes momentos han caracterizado también a muchos gobiernos anteriores y posteriores de muchas partes: Extorsión, mordidas, contrabando, favoritismos, impunidad de sus más allegados, abusos de poder, nepotismo, adhesión sumisa a potencias extranjeras, etc.
Son vicios y desmanes combatidos una y otra vez, con armas o sin ellas, pero que a lo largo de la historia se continúan repitiendo hasta nuestros días como un drama interminable. Como el cuento repetido de un soñado Pájaro del Dulce Encanto que, cuando creemos tenerlo al fin en nuestras manos, se nos convierte una vez más en excremento.
El anonimato de sus personajes no le resta fuerza a su protesta si no que, por el contrario, le da permanencia en el tiempo, y una mayor universalidad, pues no apunta sólo a un aquí y ahora, sino a todo tiempo y a cualquier lugar. Y fortalece más bien su carácter de teatro de protesta al denunciar, no sólo las tropelías de algún gobernante, sino la corrupción de todos y cada uno de sus personajes, que son a la vez héroes y antihéroes, victimas y victimarios, burladores y burlados.
Porque trascendiendo el campo de lo político, el autor nos presenta también una tragicomedia en la que, a manera de telón de fondo, muestra al lector un panorama social con ideas, valores y actitudes que entretejidas en la trama nos hablan:
• de borracheras y escándalos (5),
• de hurtos y robos (145),
• de la sordera del que aparenta no oír para evadir lo que no le conviene. (18)
• de modas y modales extranjerizantes (43),
• de adulterios e hijos bastardos, (147) No se espante Señor Gobernador Tastuanes..., que cuando yo anduve con mi padre por la carrera de Mexico, cuando venimos ya estaba mi madre en cinta de otro, y por eso salió tan mala casta, Señor Gobernador Tastuanes..
• de padres corruptores de sus propios hijos. Y que ¿no es verdad que enseñas malas mañas á tus hijos?) (Parlamento 257)

• de prostitución infantil (123) ...Viniendo yo por un calle derecha me columbró una niña que estaba sentada en una ventana de oro, y me dice: que galán el Güegüence, que bizarro el Güegüence, aqui tiene bodega,... entra Güegüence, siéntate, Güegüence, aqui hay limon...
• de las fingidas riquezas del “fachento” que diz que es hombre rico pero que sólo está esperando que cierre la noche para salir de casa en casa a hurtar lo que hay en las cocinas,
• de un afán de lujos aún en medio de una pobreza generalizada, porque para el uno es escandaloso estar sin mesa de oro, sin tintero de oro, sin pluma de oro, sin salvadera de oro... (5) y el otro se sueña con una chaqueta cabriolé toda cuajada de oro y plata hasta el suelo...(123)
• de los interminables éxodos del nica por la carrera de México, por Veracruz, por La Verapaz, por Antepeque, (121) en busca de un modus vivendi. Un gran trabajador que hasta en las uñas tiene encajados los oficios, aunque no sean siempre oficios de continuo.
• de personas siempre dispuestas a bailar al son que les tocan o a hacer de payasos para quedar bien con los de arriba,
• de “cepillos” dispuestos a brindar por la Castilla del momento. (304 y ss)
• de Forsicos dispuestos a avalar como cierto lo que él y todos saben es mentira, ( 136.)
• e incluso del uso de máscaras para ocultar nuestra identidad.
Es la sociedad entera con sus vicios y virtudes la que, como buen nica, presenta el autor entre burlas y risas, que son sus armas predilectas de combate. La sociedad de entonces y la de ahora. La de los Sres. Principales, la de los mandamases y la de los mandamenos, la de sus colaboradores y la de sus opositores; la de los arriba, la de los de en medio, y la de los de abajo, que en la obra son todos cuecuences de un mismo piñal.
El genial y versátil creador de El Güegüence se agiganta a la luz de un análisis que le da a su obra una permanencia, una universalidad y un alcance que quizás no hemos valorado suficientemente todavía y que le merecen nuevos y mejores estudios que lo coloquen a la altura de su obra.
Resulta repugnante e incómodo sentar en el banquillo de los acusados a tan simpáticos personajes y, más aun, a uno de nuestros más admirados héroes nacionales. Al que hemos considerado prototipo del Nica y digno de imitación, celebrando sus atrevidas burlas, su picardía y su ingenio. Y para colmo en la cuna misma de El Güegüence. Por eso estimé conveniente que fuera su propio autor quien nos los presentara de cuerpo entero.
Agradezco al Instituto Nicaragüense de Cultura y a la UNESCO la publicación de este libro y su iniciativa de querer hacerlo llegar a un gran número de personas, y a todos los presentes su asistencia y su paciencia. Muchas Gracias.