* Y los treinta de “El Habla Nicaragüense” * Aproximación al escritor y aportes de su obra a las Ciencias Sociales
Por María Celina Tapia
Dedicado a la memoria de:
Don Juan Eligio de la Rocha y
Don Natividad de los Campos
Carlos Mántica Abaunza, nacido en León, el 19 de febrero de 1935, es filólogo, nahuatlista, historiador, folclorista, antropólogo, etnólogo, poeta, bohemio, cantante, guitarrista, políglota, deportista --también practica de vez en cuando el “jaibol”--, es cocinero, dibujante, hacedor de vinos y de historias, asesor político sin salario, teólogo, líder religioso, charlista mundial de cursillos de cristiandad, académico, coleccionista, empresario, exitoso padre, abuelo y bisabuelo.
No se puede hablar del hombre-escritor sin remitirnos a sus primeros años, a sus primeros recuerdos, al entorno familiar y sociocultural que marcó indeleblemente su existencia. Sobre ese período Mántica narra algunos acontecimientos: “Me veo con mi gemelo Felipe, arrastrando nuestro propio pupitre, camino hacia la casa-escuela de Las Salvatierra, frente al costado sur del Gran Hotel, donde aprendimos las primeras letras, deletreando O ese o, so: Oso, en el Silabario Catón, bajo la tutela de Doña Chilita”. Su afición por la guitarra data de esta misma época infantil, a tal grado que realizó cursos de este instrumento musical en Costa Rica, cuando sus padres se vieron en la necesidad de exiliarse en ese país en 1944.
Regresó a su patria en 1956, egresado de la Universidad de Georgetown (Washington D. C.).
La faceta de escritor de Carlos Mántica, y del libro que nos ocupa en particular, “El Habla Nicaragüense” -–su obra completa actualmente se conforma por aproximadamente una docena de ellos-- es conocida por una enorme cantidad de intelectuales, profesores de universidades y estudiantes y por todas aquellas personas nacionales y extranjeras interesadas en los temas de nuestra cultura nacional.
En este ensayo haré referencia a su séptima edición (última hasta la fecha), publicada en el año 2003, sin embargo considero necesario mencionar, aunque brevísimamente, la primera y la cuarta edición; la primera por obvias razones y la cuarta, porque, en su momento fue objeto de homenaje por parte de la Academia Nicaragüense de la Lengua, además de evidenciar su evolución a través del tiempo.
La primera edición de El Habla Nicaragüense, que salió a luz en 1973, consta según el autor: “...de cinco partes: Una Introducción, un Estudio y tres apéndices. La Introducción se titula: Orígenes y Desarrollo del Habla Nicaragüense. El estudio se titula: Morfología del Habla Nicaragüense y, como su nombre lo indica, pretende ser un análisis de la forma y características de nuestros vocablos considerados independientemente. [...]. Los tres apéndices finales constituyen, a mi parecer, la parte más importante de este trabajo. Ellos son:
1) Un Diccionario de Nahualismos nicaragüenses [...]
2) Un Diccionario de Toponimias Náhuatl de Nicaragua [...]
3) Un Diccionario Comparativo de las Lenguas Prehispánicas de Nicaragua [...]”, dicha edición fue objeto de estudio y elogios de destacados intelectuales, entre ellos Franco Cerutti, un italiano radicado en Costa Rica y fallecido hace unos pocos años y cuyas palabras aparecen en la contraportada de sus ediciones, y además el prólogo, cuya autoría se le debe a nuestro poeta nacional Pablo Antonio Cuadra.
La cuarta edición de 1998, la integran: La presentación por Jorge Eduardo Arellano, el prólogo que fue escrito para la primera edición por Pablo Antonio Cuadra, una recapitulación de la obra escrita por su autor y presentada en la Academia Nicaragüense de la Lengua a propósito de esta publicación, la introducción Orígenes y desarrollo del Habla nicaragüense, el estudio sobre la Morfología del Habla Nicaragüense y 13 ensayos más que son: Más sobre el náhuatl oculto, El habla, Lazarillo de la historia, Descachimbamiento lexicográfico, Introducción a Lengua Madre, Introducción al Refranero Nicaragüense, Caló Gitano en el Habla Nicaragüense, Dos muestras de nuestra manera de hablar, El hilo azul y los doble-sentidos de El Güegüence. Un ensayo etimológico sobre el Güegüence, Religión y Moral prehispánicas en Nicaragua, Los sacrificios humanos y la antropofagia, Recuerdos de la vieja Managua y Cuando se nos sale la cotona.
En esta séptima edición, a 30 años de distancia de la primera, y a cinco de la cuarta, El Habla Nicaragüense ha sufrido muchos cambios y evolución, (al modo de decir en filosofía: en una “espiral de superación dialéctica”). Se le ha sumado una gran cantidad de nuevos estudios que lo han enriquecido de tal forma que a la fecha, se ha constituido en una breve enciclopedia de la cultura nacional. Cada nuevo estudio, en una cátedra cultural abierta al pueblo. A esta edición se le han adicionado los siguientes ensayos: ¡Así se habla J...!, Evolución de la lengua Náhuatl en Nicaragua, Dos personajes inolvidables, Pura Jodarria, Refranero General, Carta en refranes, La comida nicaragüense, Introducción a Cantares Nicaragüenses, Matagalpa y sus gentes, Con la música por dentro, Pablo Antonio, Sor María y el diablo, Los profesionales aficionados, Tiempo, contexto y trascendencia del Güegüence, ¿Quién fue el genial autor?, Los Sutiavas, Diccionario de Nahuatlismos nicaragüenses, Toponimia Náhuatl de Nicaragua y Recensión a El Habla del nicaragüense. Se han obviado por haber sido incluidos dentro de estudios más amplios: El hilo azul y los doble-sentidos del Güegüence y Un ensayo etimológico sobre El Güegüence.
Aportes a la Historia
Los aportes que Mántica presenta a partir del estudio de la lingüística histórica, los percibimos a través de la exposición de datos que sobre los cambios lingüísticos internos nos ofrece y, a partir de los cuales, descubre las relaciones entre los hechos históricos que se suceden. Plantea, partiendo de interrogantes acerca de lenguas de diferente índole y origen, la naturaleza de esa relación, de cómo se logra el sincretismo producto del contacto histórico entre las culturas y los préstamos resultantes. En su calidad de lingüista histórico y comparativo, estudia las diferentes etapas de una lengua a fin de identificar los posibles cambios que tienen lugar y determinar la relación entre las lenguas relacionadas. La lingüística comparativa se constituye, además, en una metodología de relevancia trascendental para trazar los procesos culturales e históricos. A través de la reconstrucción de una protolengua se puede obviamente descubrir la cultura e historia del pueblo que habla dicha lengua.
En su “Evolución de la lengua Náhuatl en Nicaragua (Desde la Conquista hasta el Güegüence)” nos expone minuciosa y detalladamente la inserción paulatina del castellano en el habla Náhuatl a través de las relaciones sociales que se dan entre los distintos estratos que conformaron históricamente nuestro pasado reciente, clasificándolo por etapas.
Aportes a la Antropología como Ciencia General de la Cultura
La antropología cultural estudia la conducta humana que es aprendida, en tanto la cultura es la manera principal en que los seres humanos se adaptan a sus ambientes. En general, su objeto de estudio es la historia de la cultura de la humanidad, esto incluye costumbres y creencias, entre otros. En su estudio “! Así se habla J...!”, Mántica, esbozando una recapitulación de su obra, elabora todo un estudio antropológico, mediante el método etnográfico, que en lo fundamental presenta dos fases: el trabajo de campo y la descripción de los resultados. El trabajo de campo implica la observación y la participación en la vida cotidiana de las personas, de esta manera es como el autor ha visualizado la cultura del nicaragüense, la cultura de su propio pueblo, como un sistema de patrones interrelacionados. Este método es utilizado de manera particular en sus estudios antropológicos y sociológicos, y a partir del mismo, el autor elabora una lista de costumbres que caracterizan culturalmente al nicaragüense y lo diferencian de personas de otras nacionalidades. Las costumbres están ahí, todos lo vivimos, pero nadie “se fija”, es el ojo del investigador el que hace que nos apropiemos de ellas y nos veamos reflejados en nosotros mismos. Tomemos como ejemplo: cargar en nuestro equipaje comida nacional aún cuando al lugar hacia donde nos dirigimos pueda haber de lo mismo o, en otro caso, despedirse de un familiar, generalmente cuando el viaje se realiza por vía aérea, la despedida carece de sentido sin las lágrimas bañando el rostro, aunque el viaje sea por un fin de semana, etc., otro aspecto importante de nuestra cultura retomado por el autor es la forma de medidas utilizada por las vendedoras en el mercado: por contada, por manos y muchísimos elementos más.
Aportes a la Antropología de la Religión
En relación a este aspecto, el autor, partiendo del análisis de las toponimias percibidas como una tendencia, elabora una serie de observaciones previas y posteriores. Metodológicamente se trata de un estudio longitudinal retrospectivo desde una perspectiva sincrónica, en tanto sus anotaciones se refieren a un período largo, pero concreto de nuestra historia –-época prehispánica--. Los aportes más significativos al respecto, se encuentran insertados en El Habla, Lazarillo de la Historia, donde él mismo en 1970 afirmaba lo siguiente: “...en las toponimias de nuestro territorio descubrimos el nombre de los númenes y dioses que adoraron sus pobladores y conociendo de esta manera su mitología y teogonía, podemos identificar raza, cultura, antigüedad y lengua...”
A través de las toponimias, descubre cuáles fueron nuestros dioses prehispánicos y la pertenencia de los mismos a épocas y culturas diferentes.
Aportes a la Etnolingüística
Los antropólogos lingüísticos estudian el lenguaje en su contexto social y cultural a través del tiempo. Se reconstruyen lenguas antiguas mediante la comparación de sus descendientes contemporáneas y, al hacerlo, descubren nuevas facetas en su historia. Se estudian además las diferencias lingüísticas para describir percepciones y patrones de pensamientos diversos en una multitud de culturas. La variación lingüística va también asociada a las divisiones sociales. Esta temática es abordada por Mántica en su estudio Evolución de la Lengua Náhuatl en Nicaragua (Desde la conquista hasta el Güegüence). En la Etapa I hace especial énfasis en la permanencia casi absoluta de la lengua náhuatl sin sufrir cambio alguno, a pesar de las diferencias lingüísticas imperantes en los estratos sociales en referencia como producto de la falta de integración entre los mismos en los años transcurridos de 1522 a 1560, ya que la confrontación impidió un trato personal fluido entre “conquistados” y conquistadores.
La Etapa II, correspondiente a los primeros años de la Colonia, desde 1560 hasta aproximadamente mediados del S XVII --casi cien años--; el contacto directo entre ambas culturas se fortalece. Al náhuatl se le empiezan a agregar muchas palabras del castellano, casi exclusivamente nombres sustantivos: caballos, mulas, hacha, cuchillo, bisagras, camisa, gobernador, alcalde, la nueva moneda: el Real de Plata de mediados del S XVI.
En la Etapa III, aproximadamente de 1650 al año 1700, Mántica ha aportado a esta ciencia los siguientes elementos:
Utilización de verbos, pronombres, preposiciones y conjunciones, que en el náhuatl no existen como palabras aisladas, sino incorporadas al sustantivo, al adjetivo o al verbo. Algunos cambios al pluralizar, sin perder la sintaxis náhuatl que aún hoy se conserva. Inclusión de algunos sonidos españoles inexistentes en el habla náhuatl: b,d,f,g,j,r,y,v. Surgimiento de los primeros hibridismos en los que un sustantivo castellano es modificado por un adjetivo náhuatl: carreta nagua, mano pachona, etc. Unos 40 verbos tomados en préstamo, pocos en relación con 720 sustantivos castellanos. Inicio de la castellanización de palabras náhuatl (que continúa hasta la fecha), agregando la terminación verbal española “ar” o los prefijos “a”, “en” y “des”. Ejemplos: cipear, coyotear, chilear, melenquear, mecatear. Atilintar, enzacatar, apocoparse, encolocharse, etc.
Aportes a la Etnohistoria
La etnohistoria es una ciencia que abarca los relatos orales y escritos del pasado de una cultura. Para ello se dispone de relatos de siglos realizados por comerciantes, viajeros, exploradores, misioneros, etc. Mántica, especialista en esta ciencia, ha contribuido a la misma, de manera especial con su estudio El Habla, Lazarillo de la Historia, mismo en el que elabora su tesis acerca de las migraciones indígenas anteriores a la llegada de los españoles y al origen de los niquiranos o nicaraguas.
De forma resumida señalo los principales aportes del autor a la Etnohistoria, quien comenzando de sur a norte expone lo siguiente:
En la provincia de Nicoya los nombres geográficos son mayoritariamente chorotegas. En Granada, Rivas y parte de Carazo, son nombres náhuatl: Ometepe, Nicaragua, Ochomogo, Moyogalpa, Jinotepe, etc. En Masaya y el resto de Carazo (Antigua Manqueza), son todos chorotegas: Nandaime, Niquinohomo, Diriá, Diriamba, Monimbó, Diriomo, etc. En Managua, tenemos nuevamente toponimias náhuatl: Xolotlán, Xiloá, Asososca, Acahualinca, Ticuantepe, Ticomo, Tipitapa, Apoyeque, etc. En León Viejo, otra vez son chorotegas: Nagarote, Imabite, etc. En León Nuevo, son sutiavas: Maribios, etc. En la Zona del Golfo, reaparecen los nombres náhuatl pero con el sufijo gentilicio Tecate (ega) inexistente en el resto del país: Pozoltega, Chinandega, Tezoatega (El Viejo), Chichigalpa, etc.
Aportes sociológicos
Las sociedades están compuestas por actores individuales y para entender a la sociedad se debe comprender cómo estos actores sociales toman decisiones, organizan sus vidas e influyen y son influidos por otros en lo que se llama interaccionismo simbólico, mismo que supone que el comportamiento humano está determinado por los significados que las personas atribuyen a dicha situación.
En su ensayo sobre los Recuerdos de la vieja Managua, visualiza esta época desde la perspectiva interaccionista, en tanto centra su atención en las comunicaciones cotidianas reales y en el comportamiento de las personas y grupos. Aporta, además en este caso particular, a la Sociología Urbana en tanto nos narra una época en particular de una ciudad: la Managua de los años 40 hasta antes del terremoto del 72.
El autor describe con la nitidez y pulcritud que caracterizan todos sus estudios, la vida social y cultural capitalina, la conformación social de los barrios y la importancia insustituible de los mismos en la capitalización de relaciones sociales estables, los medios de transporte, la ubicación de las instituciones más importantes, los espacios verdes y de recreación, el Lago de Managua y el Malecón, los parques como elementos aglutinadores de grupos sociales concretos creadores de afectos, las representaciones culturales y artísticas, las iglesias, el comportamiento social de los jóvenes: sus gustos, aficiones y valores. Además, logra hábilmente que nos apropiemos subjetivamente de la distribución espacial de su entorno geográfico y de aproximadamente 30 años de evolución histórica de la ciudad y de las cuales las nuevas generaciones no tienen siguiera la más remota idea.
Aportes Filosóficos
La filosofía se formula con las palabras más vivas de la lengua. En tanto la misma es de por sí, la primera interpretación intelectual de la realidad, su sintaxis corresponde a un estilo mental, a una manera de vivir. Significa, además, la acumulación de experiencias seculares, que en nuestro caso resume la historia de nuestro pueblo. Esta acumulación de experiencias es, precisamente, la filosofía, en tanto la misma consiste en formular expresiones de uso generalizado entre las personas que reflejan una sabiduría popular transmitida oralmente y que influyen en la vida de las mismas. Son además, necesarias para la orientación, para saber qué pensar y consecuentemente qué hacer o qué actitud tomar en la cotidianidad.
En su Introducción al Refranero Nicaragüense, Mántica ha señalado que los refranes brotan de algo sencillo y tan cotidiano como es la observación de la realidad que nos rodea. El refrán extrae de ella una verdad que puede ser aplicada a circunstancias distintas que se conserva a manera de enseñanza, guarda además, una sabiduría popular nacida de la experiencia transmitida oralmente.
Aportes a la Ética
La Ética, como ciencia social, se deslinda de la filosofía. La misma contribuye a fundamentar o justificar cierta forma de comportamiento en una sociedad determinada, a la vez que revela la relación entre el comportamiento moral y las necesidades e intereses sociales.
Mántica ha recogido en su Refranero algunos que muy claramente dictan normas de comportamiento moral o que inculcan valores propios de la sociedad de la cual surgen, veamos los siguientes ejemplos: El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija, El que busca encuentra, El que canta su mal espanta, vale más solo que mal acompañado, El que come montado no pierde ganado, el que no se arriesga no pasa el mar, etc. Existen otros refranes que nos indican lo que no se debe hacer: El que da pan a perro ajeno, pierde el pan y pierde el perro, Si eso le hace el agua a los caminos, que no le hará a los intestinos, entre otros muchos...
(Editado por Zayda García)
martes, 8 de julio de 2008
lunes, 7 de julio de 2008
“En las calles sólo quedan trozos de El Güegüence”

Don Carlos Mántica y su imprescindible labor:
END - 22:16 - 05/07/2008
Es un administrador de empresas extraño: además de sus éxitos en la dirección de una de las principales cadenas de supermercados del país, se ha dedicado a la recopilación de la música regional, a investigar como nadie sobre El Güegüence, y es un empecinado en preservar la identidad nicaragüense.
¿De quién hablamos? Pues de don Carlos Mántica Abaunza, quien al margen de su labor cotidiana, de estar pendiente de los libros contables, ha escrito otros para alimentar el alma nacional, amén de ser un asiduo conferencista en las universidades.
Su catolicismo es evidente. En su despacho destaca un gigantesco crucifijo. Además, hay un cuadro con las imágenes de sus abuelos Catherina y José, los que procrearon 13 hijos, responsables de varias generaciones que totalizan al menos unos 600 Mántica, incluido un sacerdote y una monja.
Nació en León el 19 de febrero de 1935. Cuando tenía cinco años sus padres se trasladaron a Managua. Después de haberse bachillerado en el Colegio Centroamérica, de Granada, donde fue compañero de clases del ingeniero Xavier Chamorro Cardenal, Director Fundador de END, fallecido recientemente, estudió administración de empresas en la Universidad de Georgetown (regida por jesuitas en Washington).
Recibió un doctorado en Humanidades en la Universidad Ave María, en San Marcos. Comenzó a trabajar en el mundo empresarial a partir de 1956 cuando abrió el primer supermercado en Nicaragua.
Ese primer establecimiento se instaló en una punta de plancha ubicada en la parte este de la estatua de Montoya. Después del terremoto de Managua tuvo que empezar de cero, como lo hizo después del 90, cuando doña Violeta Chamorro asumió el poder en los comicios de ese año.
Al día de hoy, este hombre que reparte su biografía entre el impulso que le da a nuestra nicaraguanidad y el prestigio empresarial, lleva en la cuenta 10 supermercados y algunas sucursales. Reconoce que la competencia golpea, pero es del criterio que “para todos da Dios”.
En la actualidad Mántica Abaunza tiene entre 800 y 900 empleados en las diferentes sucursales que operan en Managua y en el interior del país.
De las investigaciones
a la Academia
Mántica es del criterio que la puerta para incursionar en sus investigaciones sobre las tradiciones indígenas se le abrió cuando le toca salir de Nicaragua para ir a estudiar a Estados Unidos. El “mal de patria” se le convirtió en un bien para todos, como se demuestra en su marcado interés en el estudio de El Güegüence, del náhuatl, y así “empecé a investigar en muchos campos”.
Escribió dos tesis sobre el general Augusto C. Sandino; se interesó un poco en la arqueología y empezó a formar una biblioteca con su hermano sobre temas nicaragüenses.
Comenzó a hacer estudios sobre las toponimias (parte de la onomástica que estudia el origen y significado de los nombres propios del lugar), que son los hermosos rastros geográficos de nuestra cultura prehispánica.
Nunca pensó trasladar esos estudios a libros formales, aunque hacía algunas publicaciones periódicas. Un día de tantos le propusieron ser miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua, “y entonces sí escribí mi trabajo sobre ‘El habla nicaragüense’, de la cual han salido nueve ediciones y todavía conservo dos diccionarios: uno sobre la toponimia náhuatl de Nicaragua, y otros sobre nahualismo. Después vino el libro del refranero, los estudios de El Güegüence y sobre la música”.
Don Carlos y otros amigos trabajaron 30 años recopilando música, la cual se grabó bajo el título “Cantares nicaragüenses”. Recientemente el sello Mántica Waid --que lo dirige Carlos Mántica hijo-- sacó la última edición.
En total don Carlos ha escrito 11 libros. Tres de ellos versan sobre El Güegüence, y otro que debería estar entrando a la casa editorial y que lo publicará el Instituto Nicaragüense de Cultura (INC) que se va a llamar “Vuelva Güegüence”.
Ya no está en las calles
Mántica lamenta que actualmente no hay representaciones teatrales callejeras de El Güegüence. Por eso, en la introducción del libro a publicarse, su autor habla que en 1967 vio la última representación de El Güegüence, folclor que se hizo en la casa del entonces magistrado Leopoldo Serrano, con todos sus parlamentos (diálogos, músicas, máscaras), y “desde entonces sólo se representan trocitos y danzas”.
El Güegüence alcanza centenares de publicaciones, y hay estudiosos de casi 20 nacionalidades distintas y en varias lenguas. En su rescate la Unesco ha aglutinado algunas cosas. España ha patrocinado investigaciones y traducciones.
Sobre El Güegüence y las elecciones
Al preguntarle sobre el comentario que sale a luz cada vez que hay elecciones generales en Nicaragua, de que El Güegüence se vuelve en un voto colectivo, don Carlos se puso a reír y recordó un artículo --publicado en uno de sus libros-- titulado “El güegüencismo del nica”, donde recoge una serie de cosas de los nicas, encarnadas en ese personaje.
De cara a las elecciones “lo que se me ocurre es que nunca se sabe cuál es la verdad en las actuaciones del Güegüence; cuando se aproximan los comicios y todo mundo cree que va a ganar fulano, a la hora de las urnas el resultado es otro”.
“El güegüencismo del nica no sólo se manifiesta en las elecciones, pues también lo encontramos en el nepotismo, adhesión incondicional a potencias extranjeras, colaboracionismo”, dice Mántica.
En todas partes
Otras características del güegüencismo es que para ganarse la vida se adapta a cualquier circunstancia, y si es necesario, venden agua helada en las calles, garrobos y cusucos en Semana Santa, huevos de paslama en tiempo de veda, y hasta cualquier contrabando en los semáforos.
Cuando la situación se torna insoportable, “el nica, que de por sí es pata de perro, busca el pegue (trabajo) fuera del país; su espíritu además es burlón”. En su libro dice que sobre el nepotismo, el gobernador tiene en la Alcaldía a toda su familia: su papito, su mamita y todos los de su casa.
Además, El Güegüence está en contra de la corrupción, pero él mismo es corrupto, es contrabandista, evasor de impuestos; no se responsabiliza de sus actos y “(ahora) hasta algunos grandotes nos dan cátedra de güegüencismo”.
Para el investigador, la cuna de El Güegüence no es Diriamba, porque hay otras fuentes originales que venían de diferentes ciudades. Es muy difícil descifrar dónde nació esa cultura, y cree que pudo haber sido Masaya, porque la trama de la obra se desarrolla en un lugar donde hay una gobernación y una presencia española bien fuerte. El gobernador por más señas es indígena.
La lengua náhuatl
El Güegüence está escrito en un náhuatl corrupto. A finales de año “mil ochocientos y pico, habían algunas viejitas que recordaban versitos sueltos en náhuatl clásico, y algunos autores como el inglés Brinton recogen ciertas frases; pero no era gente que se comunicaran en náhuatl a como existe en El Salvador y en México”.
¿Y por qué se extinguió esa cultura?, le preguntamos a Mántica. “Hubo un momento que el náhuatl se convierte en lengua franca, en lo que fue el imperio Azteca, antes del descubrimiento de América, por lo que supongo que ésta podría ser una de las explicaciones”.
Don Carlos cerró su cátedra al hacer referencia a que en Nicaragua utilizamos unas 300 palabras náhuatl, entre ellas: tomate, mecate, chicles, cipote, chigüín, así como la mitad de los nombres geográficos (toponimias). Y “tengo amigos españoles que les cuesta entendernos, porque cuando hablamos con ellos, sin querer les lanzamos hasta cinco palabras en esa lengua indígena”.
También está la palabra chocho, el nacatamal, tamal pisque, el chile. Más de 100 de estas palabras están incorporadas en el diccionario de la Real Academia Española.
La obra que casi nadie entiende
Hay en don Carlos cierta inconformidad. Él cuestiona que El Güegüence, la obra que surgió en el siglo XVII, escrita en español y náhuatl y reconocida por pensadores y poetas de la talla de José Martí, ha quedado reducida a la música y los bailes.
“Bendito sea Dios que se han conservado, y algunas veces teniendo que improvisar; pero prácticamente ya tiene 40 años de no representarse en las calles con todos sus parlamentos”, dice don Carlos.
El libro que lanzará el INC pretende rescatar esta tradición para que vuelva a presentarse en teatros, y tarde o temprano la obra completa. La Unesco está financiando la edición de la cual su autor renuncia a cualquier beneficio económico.
Otra publicación anterior de Mántica es “Escudriñando el Güegüence”, además de una traducción que hizo del inglés al castellano del libro escrito por el inglés Daniel Brinton, quien publicó por primera vez la obra de El Güegüence o “Macho Ratón”.
Mántica es del criterio que muchos nicaragüenses deben conocer correctamente de qué se trata El Güegüence, porque hoy ya casi nadie la comprende, y “de lo que podemos ir entendiendo surgen muchas ideas, y por desgracia algunas versiones son equivocadas”.
“Se piensa que El Güegüence es un teatro de protesta en contra de un gobernador español. Pero la protesta es contra el contubernio de los gobernadores indios que hubo en Nicaragua dentro del gobierno español”,
explica.
“En el pasado se ha hecho lo que se ha podido. No ha sido suficiente y sí creo que necesitamos enseñar mucho más sobre esta obra que ha sido declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. Es una obra que va mucho más allá de lo que nos imaginamos, porque tiene música, danza, vestuario, doble sentido no sólo del castellano a castellano, sino del náhuatl al náhuatl”, señala don Carlos.
El Güegüence, nos dice este investigador, proviene de un género de arte que existió antes del descubrimiento de América, y que en la cultura náhuatl se conocía como “cantos quisquillosos”. Hoy, pocas obras se conservan. Sin embargo, el teatro insigne que surgió en la Gran Manquesa --región de Nindirí, pasando por Masaya, Catarina, Niquinohomo, Masatepe, Jinotepe, hasta culminar en Diriamba--, es la más grande de todas y por eso tendría que darse a conocer más.
viernes, 4 de julio de 2008
«La identidad cultural y la cocina nicaragüense»
Karlos Navarro
De manera tradicional se ha aceptado que la identidad cultural de un pueblo depende de tres factores primordialmente: el histórico, sicólogico y lingüístico. Sin embargo, los últimos estudios revelan ("Elogio a la cocina nicaragüense" de José Coronel Urtecho y la Comida nicaragüense" de Jaime Wheelock) que es necesario integrar a la cocina como un ingrediente más de la identidad nacional.
La importancia de cada uno de estos elementos varia según las circunstancias particulares de cada nación, de cada sociedad y constituye un proceso de autoafirmación, comunitario e individual. Sin embargo, es conocido que sin la concurrencia de estos factores no puede haber identidad cultural plena de una nación. Así mismo se supone que la identidad cultural conjetura una conciencia de alteridad, compartida por los integrantes de la sociedad, en cuanto a poseer rasgos afines que los distingan de otras sociedades.
Si analizamos la identidad cultural desde la historia, podemos auscultar que éste elemento presta cohesión a un pueblo diferenciándolo de los demás y procura asociarla a la conciencia colectiva. La conciencia histórica, es considerada el baluarte más sólido que un pueblo puede erigir contra todas las formas de agresión exterior, ya sean culturales o de otro tipo. Muchas veces la pérdida de la soberanía nacional y de la conciencia histórica como resultado de una ocupación extranjera determina un estancamiento, incluso una regresión o la caída en la violencia o en la anarquía.
Si repasamos a través del tiempo cuando los americanos comienzan a tomar conciencia nacional y preguntarse por los rasgos propios y originales, en gran medida esta preocupación la encontramos en las ideas de la a ilustración. Luego con la llamada generación de 1838, en donde influyen los ingredientes románticos e históricistas que operaron en ella reforzando el americanismo, tras la búsqueda explícita de una emancipación mental y cultural.
En el mismo siglo XIX encontramos que la vertiente positivista aportó lo suyo, cuando pretendió determinar las bases del carácter o alma nacional. Pero fue después de un violento período de anarquía que se logró configurar los Estados Nacionales y definir una identidad nacional a través de diferencias y peculiaridades con otros pueblos. En ese período de la formación de los Estados Nacionales surgen las Historias, en el caso de Nicaragua escritas por Tomás Ayón y José Dolores Gámez que pretendían trasmitir valores basados en el respeto a las leyes y la lealtad de la nación, por encima de las pertenencias culturales y fomentar una conciencia de unidad nacional.
El otro factor importante de la identidad cultural es el psicológico, que supone en el seno mismo de la diversidad, ciertas permanencias de las estructuras síquicas. Para analizar el factor psicológico de un pueblo habría que observar las constantes culturales, a través de los diversos cambios históricos y cómo se ha mantenido una identificación de sí mismo como sujeto histórico en el tiempo. Es decir como asimilamos y digerimos materiales extraños sin que se pierda nuestra conciencia de identidad.Lo que puede alterar el curso de la identidad psicologica de un pueblo puede ser causas de origen externo, la ruptura interna por razones diversas o la esclerosis por exceso de autarquía.
Con lo que respecta al lenguaje y la identidad Jean-Paul Sartre lo definió al escribir que " los rasgos específicos de una sociedad corresponden exactamente a las locuciones intraducibles de su lengua" y constituye la fuente viva, el corazón de toda cultura al poseer un registro conceptual específico.
El último elemento, la cocina nacional constituye en palabras de Coronel Urtecho un hecho significativo con carácter original debido a que existen países poderosos económicamente, como por ejemplo los Estados Unidos que no han podido crear una cocina vernácula, propia. Por tanto son analfabetas gastronómicamente e ignoran el arte de comer. Según Coronel Urtecho, este hecho se debe a que en los Estados Unidos no se ha dado la unidad espiritual necesaria para el "florecimiento de una cultura popular, colectiva, arraigada en el suelo nacional". Y también porque el puritanismo "desconfiaba de los placeres de la mesa casi tanto como de los otros placeres carnales".En cambio el pueblo nicaragüense creo su propia cocina, con los ingredientes traídos de España y los aportados por los indígenas de estas tierras. Y según Jaime Wheelock Román en su último libro "La comida nicaragüense" nuestra cocina termina de configurarse durante el siglo XIX, luego de un largo proceso de enfrentamientos entre dos ciudades: indios y españoles, dos culturas, y tradiciones distintas.
Los indígenas aportaron, entre los ingredientes a la cocina nicaragüense: maíz, cacao, calabaza, tomate, chiltoma, chile, aguacate, plátanos, lo mismo que carne de aves, conejo, reptiles y venados; mariscos y pescado. Escribe el Dr. Wheelock que " la comida prehispánica se formó en la interacción de factores naturales y durante un dilatado proceso histórico". Y en la formación de la dieta prehispánica no solo fueron decisivos los factores ecológicos, migratorios y socioeconómicos, sino también idiosincrásicos ligados al pensamiento religioso, la medicina y la salud así como creencias particulares.
Para el siglo XVI, la comida española era una mezcla de diversas culturas que dominaron la península en épocas sucesivas: celtas, griegos, romanos, árabes, judíos, godos y visigodos, por tanto según el Dr. Wheelock " era una constelación de variantes regionales de tipo popular que usaban junto con los productos locales, esencias y especies orientales". Sin embargo la influencia culinaria española tomaría tiempo en establecerse en el nuevo mundo, por problemas de política comercial, de comunicación y transporte.
Entre los platos distintivos españoles, especialmente de las provincias andaluzas, que van a asentarse en nuestro territorio vamos a tener: Las sopas y caldos de "albóndigas", el "picadillo", "sopa de cola", y las "Morongas". En materia de pastelería y dulcería: Polvorones y hojaldres, buñuelos, merengues, las frutas en miel, almíbares y curbasás, arroz con leche, churros, gofios, alfajores, etc.
Sin embargo, aunque en la fusión culinaria no hubo ni vencidos ni vencedores, explica Wheelock en su libro, en la actualidad el "sabor" dominante de la comida nicaragüense es indígena, ya que de cinco condimentos (con excepción de la cebolla) que forma el sabor de la comida nuestra: chiltoma, chile, tomate, achiote son de procedencia prehispánica.
Carlos Mántica, en el libro "Introducción al habla nicaragüense" define algunos rasgos típicos del nica que podrían servir para identificarlo en cualquier parte del mundo
Con relación a la comida:
- Si en tu equipaje encuentran rosquillas, queso duro o chorizos viejanos
-Si te encanto comer con la mano
-Si tomas "refresco" entre las comidas
-Si agitas el vaso de tu trago como sí fuera de pinolillo
-Si antes de comer en tu casa ya comiste tres veces en la calle
-Si después de comer té enjuagás y tiras la buchada al patio
El Dr. Wheelock agrega uno más: si dejas el plato barrido pero no tocas la ensalada.
En un mundo cada día más estandarizado, donde se exalta la superioridad de los países más ricos y se desvaloriza las costumbres de los países menos desarrollados y se imponen patrones culturales y modelos que debemos imitar como "autónomas" sin cuestionamientos; en este contexto, tan paradójico como absurdo, el libro del Dr. Jaime Wheelock Román "La comida nicaragüense" nos obliga a recordar y reconocer lo exuberante que es nuestra cultura, lo original que es nuestra cocina y lo autentico y creativo que es nuestro pensamiento.
De manera tradicional se ha aceptado que la identidad cultural de un pueblo depende de tres factores primordialmente: el histórico, sicólogico y lingüístico. Sin embargo, los últimos estudios revelan ("Elogio a la cocina nicaragüense" de José Coronel Urtecho y la Comida nicaragüense" de Jaime Wheelock) que es necesario integrar a la cocina como un ingrediente más de la identidad nacional.
La importancia de cada uno de estos elementos varia según las circunstancias particulares de cada nación, de cada sociedad y constituye un proceso de autoafirmación, comunitario e individual. Sin embargo, es conocido que sin la concurrencia de estos factores no puede haber identidad cultural plena de una nación. Así mismo se supone que la identidad cultural conjetura una conciencia de alteridad, compartida por los integrantes de la sociedad, en cuanto a poseer rasgos afines que los distingan de otras sociedades.
Si analizamos la identidad cultural desde la historia, podemos auscultar que éste elemento presta cohesión a un pueblo diferenciándolo de los demás y procura asociarla a la conciencia colectiva. La conciencia histórica, es considerada el baluarte más sólido que un pueblo puede erigir contra todas las formas de agresión exterior, ya sean culturales o de otro tipo. Muchas veces la pérdida de la soberanía nacional y de la conciencia histórica como resultado de una ocupación extranjera determina un estancamiento, incluso una regresión o la caída en la violencia o en la anarquía.
Si repasamos a través del tiempo cuando los americanos comienzan a tomar conciencia nacional y preguntarse por los rasgos propios y originales, en gran medida esta preocupación la encontramos en las ideas de la a ilustración. Luego con la llamada generación de 1838, en donde influyen los ingredientes románticos e históricistas que operaron en ella reforzando el americanismo, tras la búsqueda explícita de una emancipación mental y cultural.
En el mismo siglo XIX encontramos que la vertiente positivista aportó lo suyo, cuando pretendió determinar las bases del carácter o alma nacional. Pero fue después de un violento período de anarquía que se logró configurar los Estados Nacionales y definir una identidad nacional a través de diferencias y peculiaridades con otros pueblos. En ese período de la formación de los Estados Nacionales surgen las Historias, en el caso de Nicaragua escritas por Tomás Ayón y José Dolores Gámez que pretendían trasmitir valores basados en el respeto a las leyes y la lealtad de la nación, por encima de las pertenencias culturales y fomentar una conciencia de unidad nacional.
El otro factor importante de la identidad cultural es el psicológico, que supone en el seno mismo de la diversidad, ciertas permanencias de las estructuras síquicas. Para analizar el factor psicológico de un pueblo habría que observar las constantes culturales, a través de los diversos cambios históricos y cómo se ha mantenido una identificación de sí mismo como sujeto histórico en el tiempo. Es decir como asimilamos y digerimos materiales extraños sin que se pierda nuestra conciencia de identidad.Lo que puede alterar el curso de la identidad psicologica de un pueblo puede ser causas de origen externo, la ruptura interna por razones diversas o la esclerosis por exceso de autarquía.
Con lo que respecta al lenguaje y la identidad Jean-Paul Sartre lo definió al escribir que " los rasgos específicos de una sociedad corresponden exactamente a las locuciones intraducibles de su lengua" y constituye la fuente viva, el corazón de toda cultura al poseer un registro conceptual específico.
El último elemento, la cocina nacional constituye en palabras de Coronel Urtecho un hecho significativo con carácter original debido a que existen países poderosos económicamente, como por ejemplo los Estados Unidos que no han podido crear una cocina vernácula, propia. Por tanto son analfabetas gastronómicamente e ignoran el arte de comer. Según Coronel Urtecho, este hecho se debe a que en los Estados Unidos no se ha dado la unidad espiritual necesaria para el "florecimiento de una cultura popular, colectiva, arraigada en el suelo nacional". Y también porque el puritanismo "desconfiaba de los placeres de la mesa casi tanto como de los otros placeres carnales".En cambio el pueblo nicaragüense creo su propia cocina, con los ingredientes traídos de España y los aportados por los indígenas de estas tierras. Y según Jaime Wheelock Román en su último libro "La comida nicaragüense" nuestra cocina termina de configurarse durante el siglo XIX, luego de un largo proceso de enfrentamientos entre dos ciudades: indios y españoles, dos culturas, y tradiciones distintas.
Los indígenas aportaron, entre los ingredientes a la cocina nicaragüense: maíz, cacao, calabaza, tomate, chiltoma, chile, aguacate, plátanos, lo mismo que carne de aves, conejo, reptiles y venados; mariscos y pescado. Escribe el Dr. Wheelock que " la comida prehispánica se formó en la interacción de factores naturales y durante un dilatado proceso histórico". Y en la formación de la dieta prehispánica no solo fueron decisivos los factores ecológicos, migratorios y socioeconómicos, sino también idiosincrásicos ligados al pensamiento religioso, la medicina y la salud así como creencias particulares.
Para el siglo XVI, la comida española era una mezcla de diversas culturas que dominaron la península en épocas sucesivas: celtas, griegos, romanos, árabes, judíos, godos y visigodos, por tanto según el Dr. Wheelock " era una constelación de variantes regionales de tipo popular que usaban junto con los productos locales, esencias y especies orientales". Sin embargo la influencia culinaria española tomaría tiempo en establecerse en el nuevo mundo, por problemas de política comercial, de comunicación y transporte.
Entre los platos distintivos españoles, especialmente de las provincias andaluzas, que van a asentarse en nuestro territorio vamos a tener: Las sopas y caldos de "albóndigas", el "picadillo", "sopa de cola", y las "Morongas". En materia de pastelería y dulcería: Polvorones y hojaldres, buñuelos, merengues, las frutas en miel, almíbares y curbasás, arroz con leche, churros, gofios, alfajores, etc.
Sin embargo, aunque en la fusión culinaria no hubo ni vencidos ni vencedores, explica Wheelock en su libro, en la actualidad el "sabor" dominante de la comida nicaragüense es indígena, ya que de cinco condimentos (con excepción de la cebolla) que forma el sabor de la comida nuestra: chiltoma, chile, tomate, achiote son de procedencia prehispánica.
Carlos Mántica, en el libro "Introducción al habla nicaragüense" define algunos rasgos típicos del nica que podrían servir para identificarlo en cualquier parte del mundo
Con relación a la comida:
- Si en tu equipaje encuentran rosquillas, queso duro o chorizos viejanos
-Si te encanto comer con la mano
-Si tomas "refresco" entre las comidas
-Si agitas el vaso de tu trago como sí fuera de pinolillo
-Si antes de comer en tu casa ya comiste tres veces en la calle
-Si después de comer té enjuagás y tiras la buchada al patio
El Dr. Wheelock agrega uno más: si dejas el plato barrido pero no tocas la ensalada.
En un mundo cada día más estandarizado, donde se exalta la superioridad de los países más ricos y se desvaloriza las costumbres de los países menos desarrollados y se imponen patrones culturales y modelos que debemos imitar como "autónomas" sin cuestionamientos; en este contexto, tan paradójico como absurdo, el libro del Dr. Jaime Wheelock Román "La comida nicaragüense" nos obliga a recordar y reconocer lo exuberante que es nuestra cultura, lo original que es nuestra cocina y lo autentico y creativo que es nuestro pensamiento.
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